30/01/10

Muerte de Roque Dalton: el error más grande de mi vida, dice Joaquín Villalobos




Por Juan José Dalton*

El polémico líder de la ex-guerrilla salvadoreña, Joaquín Villalobos, reconoció en exclusivo a Excélsior, que el asesinato del destacado escritor Roque Dalton, es el error más grande que haya cometido en su carrera política como integrante del «colectivo» que decidió tal acción.

Roque Dalton García, de 39 años de edad, murió “fusilado” a manos de quienes consideró sus compañeros de causa, el 10 de mayo de 1975, hace 18 años, cuando la guerrilla salvadoreña comenzaba a dar sus primeros pasos. Un “tribunal”, del cual Villalobos “no quisiera hablar”, lo condenó a muerte bajo cargos de “sedición”, de “ser agente del enemigo y de la Agencia Central de Inteligencia (ClA)”.

Pruebas fehacientes de los cargos que se le imputaron no se presentaron entonces, y en la actualidad las acusaciones son “totalmente devaluadas”, por lo que todo parece indicar, y confirma las denuncias de importantes sectores nacionales e internacionales, que se trató de un asesinato político sin justificación de ninguna índole.

Un manto oscuro se tendió sobre las verdaderas causas que llevaron al crimen de Dalton, quien además de un ser destacado poeta, era un teórico de la lucha armada latinoamericana, con antecedentes de persecución, cárcel y exilio sufrido por las dictaduras de turno en su país.

Al interior de la izquierda salvadoreña “el caso Dalton” ha sido un tabú del cual no se habla para “no provocar asperezas ni dividir a la ex guerrilla”.

Algunos, como el ex comandante Eduardo Sancho alias “Fermán Cienfuegos”, jefe de la organización Resistencia Nacional (RN), que se desprendió del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) -en el que militaba Dalton- a raíz del crimen, han pretendido maquillar el asesinato, al expresar que se trató de “un fusilamiento en circunstancias jurídicas concretas”.

Sin embargo, la complicidad del silencio y del velo la comenzó a romper el propio Villalobos, tal como él lo explica en la presente entrevista brindada a este corresponsal, quien además es uno de los hijos de Dalton. Lo que Villalobos explica constituye el inicio de un debate que conllevará definitivamente a la verdad de los hechos tal como sucedieron y, entre otras cosas, al aparecimiento del cadáver de Dalton y la entrega a su familia, tal como recientemente fue exigida por ésta.

La llegada de la paz a El Salvador y el conocimiento de la verdad sobre los graves hechos de violencia política cometidos durante el conflicto por los protagonistas de la guerra, permitieron que la verdad sobre “el caso Dalton” comience a ser ventilada.

El caso no fue llevado a la Comisión de la Verdad, que investigó los asesinatos que conmovieron a la sociedad, pues esta entidad sólo indagó sobre lo ocurrido a partir de 1980 hasta 1991, según lo suscrito en el Acuerdo de Paz firmado entre la guerrilla y el Gobierno de Alfredo Cristiani en enero de 1992.

Reconocido por su numerosa obra literaria, especialmente en la rama de la poesía, Dalton se había integrado clandestinamente a El Salvador, luego de un largo exilio que lo llevó hasta la ex Checoslovaquia y Cuba.

En plena madurez creativa, con más de quince títulos publicados, acreedor de numerosos premios nacionales e internacionales; experimentado polemista y brillante periodista, Dalton decidió ser consecuente con su pensamiento y optó por la militancia guerrillera, donde encontró su temprana muerte, víctima de la intriga, la ignorancia y el dogmatismo de quienes lo juzgaron y asesinaron, tal como lo reconoció Villalobos.

El ex comandante expresó que en el seno de su organización, el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), hay un proceso de reivindicación de sí misma; “tenemos un conjunto de reflexiones; lo que hemos estado esperando es un momento propicio para profundizar en el tema y digo no para reivindicar a Roque, sino reivindicarnos nosotros frente a una falta”.

El ex comandante rebelde, con 40 años de edad en la actualidad (los que Roque Dalton no llegó a alcanzar ya que su asesinato se consumó a cuatro días de su cumpleaños), conversó sereno con este corresponsal sobre el difícil tema, que ha dejado profundas huellas en su ser, según reconoció en esta entrevista.

En el marco del conocimiento de la verdad sobre graves hechos de violencia política en El Salvador, quisiera preguntarle ¿cómo queda lo acontecido con Roque Dalton, aunque es un caso que no fue investigado por la Comisión de la Verdad?
En este caso hay dos implicaciones en este momento; hay una que diría, tiene algo de responsabilidad de lo que nos ocurre ahora con relación al caso de Roque Dalton.

Para nosotros en el contexto en el cual se da la muerte de Roque por una disposición totalmente errada, es la que nos lleva a adoptar un principio que es manejarnos por la verdad, porque los costos que nos trajo esa inmadurez -dado desde la inmadurez personal, emocional, el nivel de radicalización ideológica y dogmatismo que tenían las organizaciones en su etapa de surgimiento-, nos dejó con una gran cantidad de lecciones. Y esas lecciones nos llevaron a la conclusión de que había que reconocer lo bueno y lo malo, aún sabiendo los costos.

Esa misma tesis es la que nos lleva a plantear, hace un año cuando nos insertamos, el hecho de pedir perdón a la nación, sabiendo que íbamos a obtener un resultado a la larga, o sea, consideramos que tiene que construirse una nueva forma de hacer política y no se puede hacer política teniendo una cuenta pendiente con la historia, con la sociedad. El caso de Roque es ése, está en eso.

Hemos venido en un proceso no de reivindicar a Roque, yo creo que él está reivindicado, nunca hizo nada que ameritara semejante destino, sino cómo nos reivindicamos nosotros de cara a la falta que cometimos y que nos llevó a pagar costos hasta esta fecha y nos enseñó a tener cierta valentía que en general no tienen las izquierdas, que es reconocer errores y errores de esta profundidad.

Siempre existía la idea de no hay que decir esto porque está el enemigo enfrente, porque afecta a la unidad, siempre hubo una justificación y creemos que no, que de la misma manera que en determinados momentos hubo fuertes debates al interior del FMLN cuando, por ejemplo, el accionar de los “coches bombas” causaban víctimas civiles, se planteaba hay que reconocerlo, pues a la larga era evidente que había sido el FMLN; hay que reconocerlo, hay que decirle a la población, hay que decirle que fue un error, hay que pedir disculpas, hay que resolver ese problema y hay que corregirlo de inmediato. Eso llevó a que se pararan los “coches bombas”.

A nosotros el caso de Roque también nos llevó a distinguir la diferencia entre problemas de seguridad y disidencia, porque con el dogmatismo estas cosas se confunden y en mi opinión, para los movimientos armados, fue una de sus problemáticas más dramáticas.

Creo que el problema es que nadie tuvo en sus manos un caso como el de Roque, tan aleccionador; pero dentro de los movimientos insurgentes esa confusión de que a un disidente y su diferencia de opinión, se le trata como problema de seguridad, se le acusa de que es potencialmente un delator, es de lo más común y así sobre esa base no sólo en El Salvador, sino también en América Latina hay muchos revolucionarios muertos y revolucionarios muchos de ellos que han tenido más razón que los que quedaban vivos; a veces disidencias que ni siquiera existían y ni se sabía por qué era el debate, eran discusiones más emocionales que otra cosa.

Para nosotros el caso de Roque fue un caso ejemplarizante que nos ayudó mucho a tomar una determinada posición.

En 1977 hicimos la primera autocrítica pública, claro en el 77 la capacidad de que nosotros dijéramos algo y se conociera era limitada, tardaba años. Ni El Salvador, ni la guerrilla salvadoreña tenían la connotación que tiene ahora. Todavía moviéndonos dentro de cierto marco crítico con respecto a la coyuntura internacional y todavía con cierta pelea con los intelectuales que con justificada razón nos habían condenado y habían reaccionado contra nosotros –yo les doy total razón-, pero hay que tener en cuenta el periodo político y emocional que vivíamos como organización.

Éramos en realidad un grupo de jóvenes que habíamos tomado las armas y que no entendíamos ni conocíamos quién era Roque, lo venimos entendiendo después... Incluso, si estuviera en este momento vivo, el aporte que hubiera hecho al proceso sería descomunal, o sea, su falta es evidente ahora, evidente en una izquierda que yo diría que había sido muy creativa en lo político, pero que le faltaba imaginación en la comunicación con el pueblo y ahora en esta etapa de comunicación con la gente, el legado de Roque es de lo poco de gran calidad que queda porque no pudo hacer más...

En el caso de la Comisión de la Verdad, usted aparece como el principal responsable de hechos violentos pero según se dice, el asesinato de Roque Dalton fue una decisión colectiva, ¿cuál es la verdad?
Fue una decisión de la dirección de esa época de 1975 que son, tendría que hacer una precisión, pero por ahorita me recuerdo de Alejandro Rivas Mira, Jorge Meléndez, Vladimir Rogel, Alberto Sandoval (Lito) y otro compañero de seudónimo Mateo y yo. Probablemente se me ha quedado un par de nombres más.

Alejandro Rivas Mira, ¿qué papel jugó, él tiene antecedentes oscuros en todo el proceso?
Ésta es una cosa bastante complicada porque Rivas Mira era en ese momento el cuadro con más antigüedad en la organización, con más experiencia política, con un nivel mayor de madurez, diría yo; pero hay algo que nosotros con respecto a este caso reconocemos: igual que en relación al caso de los alcaldes (asesinados durante la guerra civil), nosotros nunca hemos descargado la responsabilidad en una sola gente, siempre asumimos que ésta era una responsabilidad de todos porque además de lo que nosotros podamos pensar hoy con un mayor nivel de madurez, los siete en aquel momento actuamos creyendo que lo que estábamos haciendo estaba bien, lo que hacemos ahora es que reflexionamos y nos damos cuenta de que ese fue un tremendo error y sería una grave falta venir ahora y decir: no, ahí la culpa fue de Fulano.

Es que realmente el problema es.... veamos el contexto, la edad, el nivel de dogmatismo, esa relación entre seguridad y negar lo político y hacer el afincamiento en la cuestión de seguridad, o sea, son cosas que a mí no me gusta decirlas, pero las tengo que decir porque eran parte de la época.

El hecho de decir que Roque era agente de la CIA, cosa totalmente falsa, pero poniéndose a pensar y creyendo aquello entonces, se llegó a la conclusión -que posteriormente se reflexiona- y se llega al resultado de que no, que eso era totalmente falso, que en el momento de determinada pasión aquello funcionó casi como el mecanismo para consumar el error, la falta.

Incluso cuando Rivas Mira se separa del ERP, recuerdo que fue la primera vez -y esto resulta un tanto contradictorio porque lo tradicional hasta antes de la separación de Rivas Mira, era que toda disidencia iba siempre mezclada con un cuota de interpretación negativa en términos de seguridad y la medida era inmediata, igual que en los casos anteriores; era la pena de muerte-, y recuerdo que discutimos mucho por primera vez, muy a pesar, digamos que podíamos tener un cierto lastre del pasado, en ese caso nosotros aceptamos que no íbamos a cometer otra vez el mismo error y llegamos a la deducción de que debíamos aceptar eso como una disidencia política, a pesar de que se fue solo.

¿Y por qué la aceptamos como una disidencia política?, porque realmente habían serias diferencias con él en ese momento y las diferencias estriban todas en el plano orgánico-disciplinario. Por ejemplo, alguien que hace un rumor o genera un descontento era considerada como una actitud de insubordinación y la insubordinación entonces significaba pena de muerte; una conclusión bastante común entre las izquierdas armadas que lleva incluso a fenómenos en algunos casos hasta patológicos, diría yo.

Para nosotros fue tan duro el golpe de los primeros años; el efecto que generó el caso de Roque fue tan grande que nos lleva a transformarnos realmente porque es un golpe dado en una edad muy temprana; a tal grado que eso transciende en nosotros.

Ya cuando estábamos en la etapa de la guerra abierta, cuando existía el uso de la pena de muerte contra espías, era lo que más pensábamos antes de hacer una cosa de ese tipo y teníamos una política y era de reconocer todo lo que hacíamos. Incluso, de eso tiene un registro bastante claro la Cruz Roja y el Arzobispado, que toda la vida le reconocimos cada cosa así supiéramos que nos traía una consecuencia política.

Por ejemplo, en el caso de Roque hay quienes en el año 77 decían que era una ingenuidad hacer una autocrítica; sin embargo, la vida nos fue dando la razón porque fuimos siendo reivindicados, asegurándonos de nuevo un espacio entre los revolucionarios... Había derecho a que la gente se sintiera molesta.

Se habla de un juicio, de que Dalton murió por fusilamiento, ¿cuál es la realidad?
Sí, hay un juicio... un juicio, te voy dar incluso una incidencia de ese juicio que nunca se la he dicho a nadie; creo que fueron dos momentos del juicio. En uno de esos dos momentos llegó Felipe Peña, uno de los fundadores de las Fuerzas Populares Liberación (FPL)- con un pensamiento renovador totalmente distinto al que tenía Cayetano Carpio (Marcial)-, una de las gentes que admiré y quiero mucho, era casi un hermano para mí, igual que Rafael Arce, y él me hizo una reflexión que te digo no se me olvida nunca porque tenía razón y me dijo: “Mira, están cometiendo un gravísimo error”; simultáneamente habían otros, no voy a profundizar más, que nos recomendaban que lo hiciéramos; pero Felipe me dijo, “esto que están haciendo ustedes aquí, está totalmente amañado”.

¿Qué capacidad, en el contexto de clandestinidad, con gente muy joven, sin ninguna formación profesional puede tener valor un juicio? Evidentemente, que aquello más parecía un juego, no había ninguna posibilidad de acumular pruebas, la posibilidad de defensa era incipiente; en ese sentido, yo me atrevería ahora a llamar juicio a aquello; no fue nada más que crear las bases para poder terminar de acometer la falta grave.

Si hay una parte de la historia del proceso nuestro como organización que yo quisiera borrar, sería esa, rectificar y tener a Roque entre nosotros.

Indiscutiblemente no hubo juicio, aunque nosotros hayamos dicho que eso fue un juicio. Entonces se llega a esa conclusión y se toma la medida de pena de muerte por fusilamiento por llamar a la insubordinación y se le pone la carga de que era agente enemigo, etc, etc.

A estas alturas no me gusta ni decirlo, porque no tenía ninguna correspondencia con la realidad y es que esto tiene que ver con el nivel de fanatismo y romanticismo con el que se nace.

¿Cuáles fueron los cargos en concreto que le formularon?
Básicamente fueron dos, el cargo más importante que se le imputaba era el de promover la insubordinación y la deserción; el segundo fue un cargo adicional que en realidad nunca llegó a documentarse sino que fue un cargo bajo sospecha.

El cargo insubordinación para aquel entonces se podría considerar como real, pero de lo que se estaba tratando era de un problema político, o sea, parte de los problemas de la etapa fundamentalista de una organización en desarrollo. Lo que él estaba haciendo era tomando contactos con gente para convencerlas políticamente de su posición y eso a la luz de nosotros -en la otra posición- era considerado divisionismo.

Había hablado con un compañero que era muy importante, que fue el primer explosivista, Pancho, y lo había incitado a que no obedeciera, que se insubordinara, a que se fueran juntos porque estaba planteado claramente un problema político.

El segundo cargo en realidad fue formulado bajo sospecha a raíz de una historia que la conocían muchos en el país y es en relación a su fuga de la cárcel de Cojutepeque (1964); hecho en el que quedó como un chisme, de que se produjo su fuga porque había colaborado la CIA.

A esto, ya no a la luz de nuestra posición de aquel momento, no a la luz de aquel debate que teníamos entre nosotros, sino explicándome este fenómeno con la misma lógica que explicó la parte nuestra, el problema es que Roque estuvo con un conflicto dentro del Partido Comunista y en éste también era tradición que los que disentían se les cargaba con motes de este tipo y cualquier cosa era considerada inmediatamente peligro de agente enemigo.

Todavía recuerdo, incluso, que en los años 70 a los que comenzamos a formar los primeros grupos armado se nos tachó de ser de la CIA; era parte de la lógica de la época. Pero, de ninguna manera aquello tenía ni la más mínima seriedad.

A partir de ahí se consideró que era un peligro si se le dejaba en libertad ya que eso podía afectar a la seguridad del resto; estas son las argumentaciones más fuertes que en una etapa de clandestinidad se arguyen para no atender los problemas que a veces constituyen disidencias políticas; incluso, hasta en algunos casos se llega a entender que son disidencias políticas pero por el temor a que se deriven en problemas de seguridad, entonces se incurren en faltas tan graves como el ajusticiamiento y los fusilamientos y la tendencia de eliminar a un opositor, a un adversario político.

Cuando habla de incitación a la insubordinación y de un problema político, ¿a qué problema se refiere?
Veámoslo con dos ópticas; cuál era nuestra óptica en aquel momento de inmadurez, de esta etapa fundamentalista de la organización y cuál sería la óptica hoy.

En aquel momento una cosa así era considerada una falta gravísima porque atentaba contra la cohesión interna, la seguridad, la disciplina, pero el problema es que eso coartaba la libertad en el plano político. Pero esa es nuestra óptica hoy.

Cuando en 1976 se produce la separación que podría ser calificada de deserción de Alejandro Rivas Mira, nuestra organización a raíz de todas las consecuencias que había tenido la cuestión de Dalton, no la consideró exactamente una deserción, o sea, muy a pesar de todos los problemas que esto implicaba para nosotros fue considerado una disidencia. ¿Por qué?, porque evidentemente había una diferencia política con respecto a los conceptos de disciplina y a la práctica política que comenzábamos a desarrollar en la organización para fortalecerla internamente y eso es lo que lleva a disentir e irse, o sea, él estaba pensando en otro tipo de organización; pero nosotros llegamos a esa conclusión basados en la experiencia dramática que implicó lo de Roque.

Cuando dice que Roque estaba incitando a que otra gente tomara una posición política ustedes lo interpretaron...
Nosotros lo interpretamos como que estaba dividiendo a la organización, por eso lo importante es aclarar que hay dos posiciones, que las mezclo en el análisis. Se me hace difícil argumentar en un sentido sólo lo que pensábamos en aquella época porque fue una posición absurda: era una etapa gravísima. Evidentemente había mecanismos como una separación política que era totalmente lógica; se pudo haber optado por esa vía y no se dio ese chance.

Prácticamente con lo de Roque estuvimos al borde de una guerra con los compañeros de la Resistencia Nacional, cosa que era un absurdo y que no habría sido el único ocurrido en América Latina, ya han habido hechos similares en Colombia, Argentina y en otros países.

¿Se consideró durante algún tiempo que había un enfrentamiento en el ERP entre una tendencia militarista y otra política la que trataba de incorporar las masas a la lucha armada?
Yo pienso que no; que se trató de un problema básicamente de inmadurez. El problema es que lo que constituía el aparato militar en la organización estaba más del lado del ERP.

Pero la prueba del nivel de coincidencias políticas no de hoy, sino a lo largo de casi todo el proceso de la guerra con la Resistencia Nacional, prueba que en realidad no había una gran diferencia política.

Incluso, ¿cuál era el punto de división más fuerte con la izquierda tradicional en aquel momento? Era el problema de la lucha armada y Roque era un antidogmático y toda su obra va en ese sentido. Era un crítico de los partidos comunistas, pero esto llegó a tener incidencias. Cosas que hoy parecen ridículas, como por ejemplo, los debates entre las corrientes marxistas-leninistas pro chinas con las corrientes revolucionarias más pro cubanas el hecho de las divergencias de las relaciones entre Cuba y la Unión Soviética, cosas que en mi opinión ahora me parecen ridículas pero que fueron parte de esa infancia dogmática de la formación de nuestras organizaciones.

Con relación a los compañeros de la Resistencia Nacional, ellos tenían la parte más importante del aparato político de la organización que básicamente era el Frente de Acción Popular Unificado (FAPU).

Hablar de militarismo... si apenas éramos un puñado de gente; estamos hablando de 1975 y básicamente aquel fue un problema de inmadurez.

¿Cuál fue la actitud de Dalton en el juicio y a la hora de su ejecución?
La actitud de Roque, en las partes que pude darme cuenta, fue de estar constantemente señalando que eso era un error, que debía de investigarse más.

La actitud durante la ejecución fue de oponerse a ella en el sentido de señalar que no, que eso iba a ser un gravísimo error, que era una injusticia. Pero quiero señalar una cosa que es importante. Cuando se hace este tipo de preguntas hay como una búsqueda de conferir que en esa etapa existía la posibilidad de procesos muy ordenados y serios.

Yo me voy a remitir a la etapa actual, por ejemplo, una de las cosas que los organismos internacionales de derechos humanos imputaron al FMLN fue precisamente lo de los juicios sumarios y el FMLN hizo muchas defensas de formalizar esto. Lo cierto es que si en la etapa de guerra de mayor desarrollo con territorios bajo control, el FMLN no fue capaz de tener una política ordenada, un marco jurídico, digamos informal, de funcionamiento para este tipo de cosas, sino que tenían una alta cuota de un trabajo de inteligencia y una alta cuota también de arbitrariedad y por eso considero que en esto se cometieron muchos errores en unas zonas más que en otra y que en una zonas se cometieron errores gravísimos en ese sentido.

Entonces en aquella etapa muchísimo más, actuaba el sentido más emocional, la pasión de las ideas, de las posiciones que se tenían. No era algo ordenado, de pruebas, documentos y evidentemente aquello no podría llegar a tener la calidad de un juicio serio, por eso no se puede hablar de que haya habido un proceso.

¿Se le dio a conocer a Dalton de qué se le acusaba?
Sí, se le hizo saber; hubo reuniones en las que participó, se discutieron las cosas y todo, pero evidentemente no había una oportunidad real de defensa, pero lo importante a señalar es que en esas condiciones era muy difícil, los códigos que se aplicaron fueron más bien basados en elementos subjetivos, porque las condiciones hace imposible que se pueda acumular pruebas, documentos, no se puede prolongar mucho el tiempo de una cosa de esa.

Entonces, lógicamente la tendencia es siempre a que la conclusión sea siempre la de condenar al que está en una situación de este tipo. Ya después cuando estábamos en una etapa más avanzada de la guerra; recuerdo que cuando ya teníamos condiciones para retenciones prolongadas pudimos resolver muchos casos sobre la base de la retención prolongada, investigación y en algunos casos descubrimos que no había problemas.

Por ejemplo, el caso de un compañero que pasó retenido casi un año por un cargo de ser parte de una infiltración que intentaba destruir la Radio Venceremos y que descubrimos que efectivamente no tenía nada que ver. Pero el problema fue porque lo había señalado una persona a la que sí habíamos efectivamente comprobado pruebas. ¿Pero cómo se podíamos hacer eso 15 años atrás?, imposibles. Recuerdo que en una ocasión se discutió la posibilidad de sacar a Dalton del país, pero cómo se sacaba, no se podía; o sea, de una manera muy informal, como una alternativa y frente al cúmulo de problemas de seguridad se llegó a la conclusión de que no había otra alternativa y que había que hacer la ejecución.

Recuerdo que en un momento el ERP publicó un comunicado en el que diferenciaban la actitud que había tenido Pancho a la hora de la ejecución y la que había tenido Roque Dalton; decían algo así como que Pancho había tenido una actitud “proletaria” y Dalton, “pequeñoburguesa”.
El problema era que Pancho era una gente sin la formación política que tenía Roque, entonces ésa era la actitud lógica, consecuente en esa posición. Mientras que Roque era una gente con argumentos, con lógica, con posición, descubría que lo que se estaba haciendo se tenía que evitar. Yo diría que si le hubiéramos hecho caso..., Pancho no nos dijo ustedes están cometiendo un error, Roque sí nos dijo que estábamos cometiendo un error.

Yo devalúo totalmente lo que dijimos en aquella época, lo que dijimos en ese entonces sería un argumento de tipo fundamentalista, o sea, lo que pesaba más, lo que impactaba más era la aceptación simple de los cosas, pero evidentemente cuando vimos cuáles fueron los costos de este terror, el llamado que nos hizo Roque de manera persistente al decir que nos estábamos equivocando, tenemos que darle la razón.

¿Vale la posibilidad de considerar que pudo haber sido el enemigo de la guerrilla, en el fondo, el culpable de la muerte de Dalton?
Esto es bien importante tenerlo en cuenta, y creo que lo remitiría a cosas que ya dije. Aquí no hubo ardid de nadie, fue un error nuestro. Nosotros en medio de la pasión de este error, de este mal tratamiento fruto de la etapa fundamentalista sale este argumento y luego los que están fuera viendo la situación en el fondo con el mismo esquema vienen y sacan que “no fue Roque el de la CIA”, sino que fue una manipulación de la CIA desde afuera, lo que condujo a su muerte.

Cuando se dice que si no fueron los ejecutores “tontos útiles” de alguna conjura contra el propio movimiento insurgente, yo creo que no tenía la CIA la capacidad de llegar a este nivel, si lo hubiera tenido nos acaba.

¿Qué pasa ahora con Roque? ¿Dónde está su cadáver? En algún momento se dijo que se iba a entregar a la familia.
Correcto, hemos estado trabajando en eso con un equipo de los compañeros que tenían la información con el propósito de buscar un momento que era de lo que te hablaba hace un rato, que nos permitiera reivindicarnos y enmendar en parte la falta.

Hasta ahora desgraciadamente no hemos tenido resultados porque es mucho tiempo, hay que tomar en cuenta que hablamos de 18 años. Esperamos que al poder crear un equipo un poco más amplio podamos tener resultados, pero también está el riesgo de que no los tengamos.

De cualquier forma con eso o sin eso, nosotros vamos a buscar el momento propicio para ese proceso de explicación de mayor profundidad en el caso, para adoptar una posición más en forma y darla a conocer como organización.

En la coyuntura de la Comisión de la Verdad no quisimos; nos preguntaron si queríamos tocar el caso, pero esto era poner el asunto de Roque en medio de todo esto, era como desnaturalizar lo que en realidad fue; no sólo estaba fuera del tiempo sino también fuera del contexto político; era una falta de otro tipo, dada en otra situación y más bien lo hubiera diluido. Queremos que se sepa que efectivamente reconocemos el error y cambiamos.

¿Cree que éste ha sido su más grande error?
Mira, yo creo que sí, y tiene elementos que te pueden marcar en sentido positivo y te pueden marcar en sentido negativo. En sentido positivo qué te marca: que es de tal dimensión y que faltaba tanto por vivir que nos ayudó a no equivocarnos en ese sentido.

De ahí cometimos otro tipo de errores pero ese tipo de errores no volvimos a cometer nunca, jamás. La prueba está en que nuestra organización no se volvió nunca más a dividir, nunca tuvimos un problema político interno y ahora que tenemos discusiones y debates internos ahí está entera, entera; jamás volvimos a resolver una diferencia interna con una medida de ese tipo. Nos marcó tanto como que fue el error más grave, más difícil, porque es el que nos pudo haber destruido o sea más adelante podías cometer un error pero difícilmente retrocedías, o sea, otros podían seguir el camino, incluso, hace poco cuando salió esta resolución de la Comisión de la Verdad, yo le decía a un compañero que cuando me enteré de la resolución que en el plano subjetivo me parece que es injusta independiente de que la acepte, es injusta; sólo me recordó los momentos más difíciles que he vivido en todo el proceso y uno de ellos, el primer momento más difícil, fue el período de Roque Dalton. Incluso, implicó la separación de compañeros a los que uno quería mucho, o sea, por un lado, está lo de Roque, por otro lado está el desaparecimiento de Lil Milagro, quien más formó en el plano ideológico-orgánico para el trabajo revolucionario y el caso de Pancho que también muere con Roque en el mismo fusilamiento, que era el primer constructor de armas populares y explosivista de nuestra organización.

Entonces tiene una cantidad de implicaciones subjetivas bien grandes y te digo eso nos marcó, pero menos mal en sentido positivo.

¿Qué siente cuando oye hablar de Roque Dalton?
Un sentimiento de responsabilidad, siempre me recuerda la falta y por otro lado, el hecho de pensar lo que hubiera significado si hubiera estado vivo en esta etapa... eso nunca lo dejo de pensar. Roque era una gente con una imaginación increíble, incluso, era la gente más amena que teníamos, con una capacidad de comunicación y de interpretación de los hechos, con sentido de comunicación hacia abajo que yo no lo he vuelto a ver en la organización ni en El Salvador, ni dentro del FMLN, ni dentro de la izquierda.

Era un arma poderosa de comunicación que perdimos en virtud de una falta de la más desgraciada que pudimos haber cometido.

¿Cree que esto que está diciendo puede concluir con ese tabú que prácticamente ha existido en el caso Dalton?
Yo creo que es difícil: creo que se puede ir reduciendo su peso. Hay quienes pensarán que es cinismo, que es pragmatismo, lo he oído, me ha tocado en algunas ocasiones escuchar que otros piensan que es eso, pero no, yo lo hago con toda sinceridad y no lo hago con el sentido de limpiarnos, pienso que no, que limpiar totalmente esa carga es bien difícil.

Sólo de imaginarse lo que la derecha piensa y maneja sobre este caso: lo que incluso dentro del seno de la misma izquierda, en medio de las pasiones políticas piensa usar... pero ni modo así es, hay páginas en la historia de uno que quisiera borrar y repetirla y rehacerla pero eso no se puede. Tener el valor de reconocer los errores es algo que a la larga fortalece tus opiniones.

¿Están dispuestos ustedes a hacer un reconocimiento público de este error, que quede recogido en un documento?
Creo que en parte he respondido a esto: creo que no se trata de reparar la imagen pública de Roque. Prácticamente el problema acá es cómo medianamente poder señalar un error que volvió a repetirse en nuestra organización. Yo creo que Roque está reivindicado, no es cuenta de éste, el problema es la pérdida física de Roque, pero su pérdida en términos de imagen creo que no existe, más bien el problema acá es que el reconocimiento nuestro es para poder reivindicarnos nosotros, ese es el punto, no se trata de que él haya quedado manchado.

Por eso otra de las lecciones que nos dejó Roque es que la verdad es una arma revolucionaria. Tarde o temprano, las cosas se saben y por ello reconocer los errores es un elemento sumamente importante, a veces puede tener que esperarse condiciones, etc., etc., pero a la verdad es algo que hay que dar un espacio.

Y en relación a la posibilidad de publicar un documento, sería quizá esta la primera vez que doy una declaración a nombre de la organización sobre este caso en la que he dado más elementos de información que en ningún otro momento y evidentemente es parte de una decisión que teníamos y bajo determinadas condiciones de tal manera que se pudiera destacar el hecho, que no quedara perdido.

Nosotros estábamos por dar pasos como éste.

*Entrevista publicada en el Excélsior de México, mayo de 1993.

30/12/09

“¿Es más sagrada una elección o la vida de ese revergo de compañeros?”


Por Tomás Andréu

Entrevista con Berne Ayalá, coautor del libro “Informe de una matanza. Grandeza y miseria en una guerrilla”, aparecido en la pasada contienda electoral, donde el blanco fue el actual vicepresidente Sánchez Cerén. La entrevista apareció en el periódico digital ContraPunto el día viernes 2 de octubre de 2009

“Informe de una matanza. Grandeza y miseria en una guerrilla”, libro polémico escrito a dos manos por Geovani Galeas y Berne Ayalá, vio la luz durante la pasada campaña electoral. El libro dividió a la opinión pública: quienes estaban a favor decían que era loable el esfuerzo por esclarecer los hechos de sangre a manos del comandante de las Fuerzas Populares de Liberación (FPL), Mayo Sibrián; quienes estaban en contra, opinaban que era un trabajo propagandístico, hecho con el fin de perjudicar al actual vicepresidente de El Salvador, Sánchez Cerén y al partido que apoyó su candidatura, el FMLN.

A pocos días de que esa publicación cumpla un año y calmada las aguas turbulentas que supusieron aquellos días de proselitismo partidario, hemos platicado con uno de sus autores para encontrar respuesta a lo que se especulaba entonces, si fue un trabajo de investigación, un trabajo propagandístico para favorecer a uno de los partidos en la pasada contienda electoral o un daño a la memoria de las víctimas usando su tragedia con fines mezquinos.

Berne Ayalá, escritor y coautor de “Informe de una matanza. Grandeza y miseria en una guerrilla”, trata de dar luz a nuestras interrogantes. Berne trabajó junto a Geovani Galeas en un medio digital llamado Centroamérica21, fundado por el mismo Galeas y Lafitte Fernández. Centroamérica 21 poco a poco fue perdiendo fuerza editorial, hasta que el pasado mes de julio dejó de actualizar sus ediciones.

Berne Ayalá se incorporó a la guerrilla en la niñez, es escritor y autor de “Al tope y más allá” [testimonio de la ofensiva insurgente de 1989], “Las copas del castigo” [novela de conspiración política] y de “La bitácora de Caín” [sobre el asesinato de Monseñor Romero, con la CIA y el Vaticano como telón de fondo]. Berne se despidió de Centroamerica21 deseándoles el infierno al FMLN y ARENA, ahora ha lanzado a su nuevo proyecto digital Expedición Americana.

Berne, lo último que supimos de vos, es que le deseaste, literalmente, el infierno al FMLN y ARENA en tu última columna de opinión en el medio digital que laboraste…

Sí. Los seres humanos nos vinculamos políticamente a ciertas organizaciones creyendo en ciertas ideas, compartiendo y participando ciertas concepciones. Obviamente las instituciones y los hombres no somos de piedra, también evolucionamos, ya sea al abismo o hacia el humanismo. Considero que mi repulsión a los partidos políticos y en concreto a esos dos que mencionaste es eso. Yo hice un viaje al humanismo, que te aleja de posturas coyunturales en las que no ves propuestas serias para salvar a este país de la violencia en la que se encuentra.

Creo que el arte, la cultura y la educación son las únicas que nos pueden salvar. Las ideas que quedaron sembradas por la guerra, las acciones humanas, trasfondo sicológico de nuestra sociedad todavía no ha sido explorado. La evidencia es que la generación que nació en el lindero de la guerra y la paz, es la que hoy se está matando.

Yo no vi nada en esos partidos. Intelectualmente no lo pude detectar. Creo que el FMLN no es el partido que yo conocí, tampoco yo soy el muchacho que conoció al FMLN. La guerrilla era una cosa, la posguerra dio el nacimiento de un partido roto en su elaboración intelectual. Yo fui un muchacho educado para luchar por la vida, esa es quizás mi convicción fundamental y lo mío por eso es el humanismo.

El partido de derecha sobradamente está relacionado con actuaciones paramilitares, de tipo escuadrones de la muerte, básicamente sus células fundadoras estuvieron relacionadas a equipos paramilitares, evidencias sobran de los hallazgos de la captura del 7 de mayo de 1980 de D´Aubuisson y su equipo, miembros casi todos de los grupos de inteligencia de aquella época. Eso por un lado, por el otro, el FMLN ha guardado silencio sobre lo que sucedió en sus filas, episodio doloroso, que en la medida en que los años transcurren eso provoca más daño de lo que podemos pensar, digo a la sociedad como cultura. Lo que sucedió en la Paracentral y que todos los que fueron de las FPL lo saben.

Tu última columna de opinión tiene como punto de partida el trabajo que hicieron con Geovani Galeas [el libro “Grandeza y miseria en una guerrilla”], ahí decís que perdiste al 90% de los amigos y que hubo ataques que te dolieron en el alma…

Tal vez no el libro… Te voy a decir algo que le dije a un amigo que conocí en la guerra, de los 9 años que estuve en el frente, quizás 7 estuvimos juntos… ya no nos hablamos.

Le dije a él que pasé por un éxtasis de rabia, porque yo conocía la historia, pero no conocía sus entrañas. A mí se me modificó radicalmente mi versión sobre la guerra. Aún estoy investigando el tema. Quiero hacer un libro que esté más vinculado a la historia de ese episodio. Me afectó la manera tan despectiva con la que podemos tratar a nuestros muertos. Nadie, aunque no estén de acuerdo conmigo, puede decirme que eso es mentira [lo publicado en el libro]. Cuando encontrás ese enfrentamiento entre la verdad y la mentira, el ataque no es porque es mentira es porqué lo hacés vos, entonces vos hacés una reflexión sobre esta sociedad: nosotros no estamos debatiendo la verdad o la mentira de esa historia, estamos debatiendo porqué lo hiciste, que es secundario. Si no lo hubiese hecho yo lo hubiese hecho cualquier otro porque la historia es inevitable. El trabajo no es para decir que la izquierda es demoníaca o no, simplemente es un hecho, merecedor de nuestra investigación porque los hombres y las mujeres que ahí murieron creyeron en la causa, paradójicamente la causa los mató.

Yo vengo del Partido Comunista (PC), no de las FPL, pero las conozco muy bien, [también] al ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo), a la RN (Resistencia Nacional) porque estuvimos en el único frente de guerra donde compartimos hospitales, campamentos que fue en el Frente Occidental Feliciano Ama, ahí operábamos conjuntamente. Nos quisimos y nos llegamos a querer por igual y los hombres rasos llegamos a comprender que la ideología no sirve para comprender la condición humana. Yo no soy periodista de profesión pero ejecuté una acción de periodista, hice un reportaje, sin embargo, por mi militancia [guerrillera] me involucré en la historia porque me tocó. Me dije: “esto es imposible que alguien no quiera [hablar]”. Todos mi amigos me dijeron “no lo hagás” y yo les dije “¿qué es más sagrado, una elección o la vida de ese revergo de compañeros que lucharon por esta cosa…?”

Hablaste de “la forma despectiva de tratar a los muertos” ¿Por qué sacar e insertar este tema en una coyuntura electoral?, porque hay algo que está en juego y es la dignidad de las víctimas, es decir, tomaron ese hecho para favorecer una coyuntura, un partido…

Ese argumento fue el que más afloró. Por Geovani [Galeas] no puedo responder yo. Él sí estaba evidentemente claro [cuando] dijo “esto tiene que ser ahora porque yo así lo quiero”. Yo comparto en parte ese argumento de él… con lo de la dignidad de las víctimas, es que las víctimas son los testigos. De los testigos, ellos sufrieron con sus compañeros y además con sus familiares. Ellos nos dijeron [los familiares] “nosotros queremos que esto se publique” y hubo testigos (de las purgas ejecutadas por Mayo Sibrián) que nos dijeron “si ustedes van a estar viniendo sin publicar nada, mejor ya no vengan”…

¿Es decir que tuvieron presión por parte de los familiares para que publicaran el libro durante las elecciones…?

Sí, de algunos de ellos sí… Unos tuvieron un cierto recelo, pero es que… mirá, en nuestra cultura política y sicología salvadoreña hay una esquizofrenia apasionante… Hay testigos que son del FMLN y tú me dirías que eso no se puede explicar, [pero] todo se puede explicar en la naturaleza humana. Hay casas a las que fui y a las que voy porque son mis amigos, nos queremos y estimamos, pero ahí están los afiches de Mauricio Funes, las banderas del FMLN y llegaron a la toma de posesión y el esposo de la familia es un testigo y ha llorado por sus muertos, ¿cómo explicás eso? Ese es el viaje que no hemos querido hacer…

El control de los hechos políticos en cualquier parte del mundo donde se ha avanzado en democracia, por ejemplo, vos tenés un reportaje de un candidato a gobernador que robó, vos sacás el reportaje antes de que lo elijan para que sepan quién es el que van a elegir. Eso no los asusta, eso lo ven como verdadero control en democracia en el periodismo investigativo. Así cayó Nixon. Michel Moore le hizo grandes reportajes filmados a Bush, pero como nosotros somos incipientes, consideramos válido que la izquierda se haya pasado toda la campaña hablando en los blogs de que ARENA es escuadronero, pero por qué no es válido decir que hay un personaje en la izquierda que tiene respuestas y no las ha dado a nosotros, a los hombres que luchamos por esta causa, a los que creímos en este sueño. Esa es una responsabilidad moral. En el epílogo yo lo digo [del libro “Grandeza y miseria en una guerrilla”], no estoy interesado que enjuicien a este señor [Salvador Sánchez Cerén], ni me importa ni me interesa. Me interesa decir “este es él”.

Hay otra cosa, como nosotros no somos sistemáticos en el registro de las noticias y de los hechos políticos que tanto nos gustan, el libro se hizo el año pasado. La investigación se hizo a finales de 2007, luego nos gustó e iba saliendo, de repente entramos en la campaña y el libro empezó a tomar más forma, pero hay más, El Faro ya había hecho un reportaje que titularon mal, que sonó amarillista… a raíz de eso, empezó la prensa en septiembre a emplazar a Sánchez Cerén cuando aún no había salido nuestro libro. Yo tengo los recortes cuando a él lo interrogan que qué decía de eso, de lo publicado en El Faro y el dice “sí, nosotros lo matamos, los ajusticiamos con las leyes de las FPL porque eran infiltrados” Eso es lo que él dijo. Ahora, un hombre que confiesa ¿qué me puede reclamar a mí por un reportaje de un montón de gente si él antes de que saliese el libro ha confesado?

A la gente se le olvida eso o no tenemos un registro de los hechos. Se dice “se exageran las cantidades, que no son tantos, son 300, 400” ¡Puta! Como dice la gente, 5 pudieron haber sido… Si matás compañeros, ¿cuál es la elaboración cultural que vos transferís a las generaciones? Nos preguntamos ¿por qué los muchachos se matan ahora de la manera que se matan? Hombre, si nosotros en nombre de la revolución matamos compañeros por una sospecha y no hemos querido ni siquiera reconocer el error. No estamos hablando de enjuiciar a nadie, reconozcamos el error. Hasta yo pedí perdón en el libro, yo que no tuve nada que ver. Pedí perdón por no haber investigado antes, yo que tengo la posibilidad de las letras.

¿Por qué el foco de atención ha sido Sánchez Cerén, porque las FPL no eran Sánchez Cerén?

Ajá, correcto. En el caso de Sánchez Cerén, a nivel de columna [se refiere a la producción editorial de Centroamérica21] fue una cuestión muy personal de Geovani [Galeas]. Yo le dije a él que estaba equivocado. Yo hice una o dos [columnas de opinión] a raíz de las respuestas que dio [Sánchez Cerén], me molesté mucho, pero si ves a lo largo del libro… ¡ah!, inclusive, en el libro se deja planteado que la Comandancia General [del FMLN] lo sabía [los asesinatos de Mayo Sibrián]. Lo supo el comandante Roberto Roca [Francisco Jovel], él reclamó, lo supo Schafik. Yo menciono a Sánchez Cerén en el libro una vez y es en el epílogo y ahí digo que “el señor ha dicho que eran infiltrados pero a la vez dice que no estuvo allá, entonces cómo pudo saber que eran infiltrados”, ese es el único emplazamiento moral que yo le hago a él. Ahora, cuando Geovani [Galeas] enfiló y escribió, [en Centroamérica21] eso ya era línea de él, personal.

¿No te diste cuenta que el trabajo que estaban haciendo iba por dos vías, el tuyo por la investigación y el de Geovani por el de una coyuntura electoral, partidaria en contra de…?

Como no…

¿Y no tuviste discrepancias con él por ese punto?

No, no, no no… es que mirá…. Vamos al punto. Yo creo en la diversidad y a mí no me afecta eso. Yo sabía que él… Yo hablé con él [y le dijo] “yo personalmente no estoy de acuerdo que estés enfilando porque se puede ver que tú lo acusas”, pero eso fue su decisión.

¿Y él qué te decía cuando vos le decías que no enfilara mucho hacia Sánchez Cerén?

Lo que pasa es esto, él no ha sido simpatizante del FMLN desde hace años, tampoco eso debe de extrañarnos. Los intelectuales deben tener libertad de ser simpatizantes de alguien o no, tampoco eso a mí me sorprende. Yo conozco gente que dice ser del FMLN y es más terriblemente vampira que alguien de derecha que yo haya conocido. Yo no puedo aparecer de ingenuo porque yo sabía, pero yo sabía algo que siempre se lo dije a Geovani: ningún libro en esta cultura y creo que el mundo, en este país menos, un libro puede provocar un giro en una campaña electoral, jamás. Un libro hay que leerlo, después hay que entenderlo, después hay que ir más allá del contexto histórico del que nos habla ¿Para quién era el libro? Era para un reducido grupo. En el fondo, quien terminó leyendo mayoritariamente ese libro fue gente de izquierda que no dejará de ser de izquierda. Yo estaba seguro de eso, estaba seguro que en este país ningún libro será un peligro para una campaña electoral. Y lo he tenido presente porque yo soy escritor, ese es mi oficio, escribir libros, no sé si la gente los lee.


¿En la investigación que ustedes hicieron, se plantearon hablar con los involucrados por parte del FMLN?

Como no, como no… Personalmente busqué unos cuantos, nadie quiso hablar…

¿A quién buscaste?

Ahí al partido fui a buscar… Busqué hablar con varios… La verdad preferiría omitir con quiénes busqué hablar. Uno de los familiares buscó hablar con el coordinador del FMLN [Medardo González] y no lo recibió. Obviamente ellos no han querido hablar de eso, precisamente porque se piensa que se está haciendo una acusación, sí hay una acusación, pero es moral. No estoy diciendo que Medardo haya agarrado un fusil y que le haya pegado un tiro a alguien o que Sánchez Cerén lo haya hecho, si Sánchez Cerén ni estuvo en los frentes de guerra y no combatió porque su cargo era político. El punto es moral porque es un hecho que involucró a todas las estructuras. Hay fuentes que no hay en el libro pero que participaron, esa gente está trastornada, obligada [cuando se decía] “llevate a este y este”.

Vos también fuiste guerrillero y conocés cómo funcionaban las cosas dentro del FMLN, ¿qué hubieses hecho o harías si estuvieras en los zapatos de los involucrados?

Es que mirá, el tema es el tiempo que le dieron al asunto. Ellos hubieran podido apagar el incendio cuando se reunieron en Chalatenango, hubieran dicho “miren, hagamos una evaluación y escribamos un documento y vamos donde las víctimas. Hay gente que todavía llora y dice: “mi hermano era un héroe, pero me lo mataron como un traidor y nadie ha venido a decirme que no es eso”. Esa gente es noble, la investigación se hizo donde el FMLN tiene bases.

Hablemos del libro, la edición está a punto de cumplir el año, ¿cómo ha sido el movimiento del mismo?

Entiendo que se leyó bastante. Por ejemplo en La Ceiba, que es donde yo distribuyo todos mis libros, me dijo que había sido el libro más vendido…

¿Cuántos ejemplares lanzaron?

Creo que fueron 1, 000 o 2, 500 ejemplares…

¿Cómo lograron obtener fondos para publicar el libro?

Si el libro no es caro… Se pagó de la revista [se refiere al medio digital Centroamérica21]… 4 mil dólares creo que costó... como ahí no tengo nada que ver en contabilidad. Después de la venta de los primeros libros entiendo que se pagó lo demás…

¿Es decir que no has visto regalías por el libro?


En un principio sí, ahora estoy desconectado de eso. También el libro ayudó a sufragar la investigación, estar yendo a la zona, estarse con la gente dos, tres días… Fue un periodismo de campo.


Los medios necesitan de publicidad para existir, más los electrónicos, Centroamérica21 no tuvo fuertes anunciantes, ¿no te preguntaste de dónde salían los fondos para sostener el medio, la investigación y el libro?

Mirá… Ha habido mucho sobre ello, no es un tema nuevo. Yo no sé… en realidad sé que escribía. Estaba escribiendo unos libros privados, subsidiaba algunas cosas. Te voy a decir algo, Geovani es un hombre generoso y te estoy hablando del hombre, no del político. Si él alguna vez ganaba dinero haciendo libros, porque él ha escrito libros para gente de dinero, libros de biografías, ha corregido [corrector de estilo] en el Centro Nacional de Registro (CNR)... Yo no iba tampoco a indagar su vida, policía no soy yo. El punto es este: es más noble que digás “no estoy de acuerdo con el libro por esto y esto. Debato este punto”, eso es lo correcto, pero no se puede degradar el libro diciendo: “esto lo pagó un banco”.

Hay otra cosa: en este país sigue siendo un pecado que seas amigo de alguien que no piense como vos. Geovani Galeas no piensa como yo ni yo como él. Tenemos grandes diferencias políticas, pero por qué no podemos ser amigos.


La campaña terminó, la publicación cumplirá un año, te retiraste de Centroamérica21… Ahora todo eso en la distancia, ¿te sentís satisfecho, arrepentido…?

Nooooo, arrepentido nunca. Cuando vi los ojos de esas mujeres y hombres [de la investigación] te digo que yo no podía dormir. Cuando es gente me contó cómo fusilaron a sus papás, mamás y ellos siguieron siendo guerrilleros, tendrías que ser un hijo de puta para que eso no te conmueva. Yo supe desde un comienzo que no me iba a arrepentir, porque además, eso no fue mentira.

23/10/09

Vuelta de página



Un texto de Eliseo Alberto de Diego*

José Saramago lo dijo bien al comentar la exhumación de Federico García Lorca: “Sólo las páginas de los libros tienen vuelta, las de la vida, no”. Para el Premio Nobel portugués “el espectáculo en que se convertiría el levantamiento de los huesos, razones sin duda respetables, que, si me permiten que lo diga, ha perdido hoy peso ante la simplicidad con que la nieta de Dióscoro Galindo respondió cuando le preguntaron dónde llevaría los restos de su abuelo: Al cementerio de Pulianas. Hay que aclarar que Pulianas es la aldea donde Dióscoro Galindo trabajaba y la familia sigue viviendo”. Otro poeta sabio, César Vallejo, nos había dicho que hay muertos que siguen muriéndose, después de muertos: algunos pocos, los elegidos, escapan de la encerrona.

Al fin de la batalla,/y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre/ y le dijo: “¡No mueras, te amo tanto!”/ Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Federico García Lorca, el poeta preferido, el mimado, el frágil, el irresistible y tímido muchacho de Granada, fue fusilado en la madrugada del martes 18 de agosto de 1936, justo en los primeros días de la Guerra Civil Española, cuando casi todos los periódicos europeos le restaban importancia al engendro del fascismo y preferían dedicar sus titulares a los éxitos deportivos de la Olimpiada de Berlín. Junto al poeta de la generación del 27 también fueron fusilados el profesor Dióscoro Galindo y los banderilleros anarquistas Francisco Galadí y Juan Arcollas. Otros mil cadáveres reposan en seis fosas comunes desde aquel martes fatal, hace setenta y tres años. Pronto, las aves de rapiña quisieron colgarse la medallita del crimen. Entonces, en caliente, acusaron a Lorca de “espía ruso” —y al bueno de Dióscoro de un delito descomunal: “negar la existencia de Dios”.

Un mes antes, el 23 de julio, el general Queipo de Llano había vociferado en la radio: “Nuestros valientes legionarios y regulares han enseñado a los rojos lo que es ser hombres. De paso, también a las mujeres de los rojos —que, ahora, por fin, han conocido a hombres de verdad, y no a castrados milicianos”. El avispero estaba alborotado. El mismo Queipo de Llano daría la señal definitiva a José Valdés Guzmán, gobernador civil de Granada, que autorizaba la ejecución de Lorca: “Dale café, mucho café”, fue la expresión que encontró para ordenar su muerte. Y le dieron. Duro. Sin piedad. Mucho café. “Vengo de matar al poeta de la cabeza gorda: le he pegado dos tiros en el culo por maricón” alardeaba Juan Luis Trescastro Medina en el Bar La Pajarera, el jueves 20 de agosto. Según el historiador Ruiz Barrachina, estudioso del tema, Luis Trescastro, “al igual que muchos de los responsables del asesinato de Lorca, pensaron que se cubrirían de gloria con la llegada del franquismo. Pero no tuvieron la recompensa prometida. Vivió el resto de su vida alcoholizado y angustiado por sus actos. Al final, sufría lagunas y seguro que tuvo remordimientos, lo que posiblemente explicaría su muerte como un desequilibrado. Le gustaba presumir sus muertos, mientras bebía vino por los bares con una bala dentro del vaso”.

Ya colocaron los toldos para proteger la intimidad de los muertos. Ya se crearon las comisiones necesarias para el rescate. Los trabajos se llevan a cabo bajo estrictas medidas de seguridad: sólo podrán acceder al perímetro marcado los investigadores y especialistas responsables de la simbólica resurrección.

Se le acercaron dos repitiéronle:/ “¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!/ Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,/ clamando “¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!”…/ Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Los descendientes a Lorca han cuestionado la exhumación, “porque con ello no se cierran las heridas”, pero reconocen que no pueden impedir que los familiares de los otros asesinados quieran recuperar los restos de sus amados difuntos. La búsqueda de la fosa se ha centrado en los alrededores al monolito en memoria del poeta, donde Ian Gibson, historiador irlandés y biógrafo de Lorca, marca la ubicación del enterramiento. A través de un sofisticado sistema de radar, a cargo del Instituto Andaluz de Geofísica, se ha podido comprobar que, en efecto, en la zona hay seis fosas (todas a una profundidad de entre 0.60 y 1.80 metros). Sin embargo, sólo han accedido a la identificación los familiares de los banderilleros Francisco Galadí y Joaquín Arcollas, el restaurador Miguel Cobo y el inspector Fermín Roldán. En cambio, los descendientes de Lorca y del maestro Dióscoro, desean que los suyos sigan descansando en la extraña paz de la muerte.

Le rodearon millones de individuos,/ con un ruego común: “¡Quédate hermano!”/ Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo./ Entonces, todos lo hombres de la tierra/ le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado;/ incorporóse lentamente,/ abrazo al primer hombre; echóse a andar...

Con lo que queda demostrado que ni para los muertos morirse es fácil.


* Eliseo Alberto de Diego, de nombre completo Eliseo Alberto de Diego y García Marruz (Lichi para sus amigos), (1951, Arroyo Naranjo, Cuba) es periodista, novelista, poeta y guionista que vive en México desde 1990, se nacionalizó ciudadano mexicano en 2000.1 2 Eliseo Alberto es ganador del Premio Internacional Alfaguara de Novela de 1998.3 Se licenció en periodismo en la Universidad de La Habana, fue jefe de redacción de la gaceta literaria El Caimán Barbudo y subdirector de la revista Cine Cubano.4 Eliseo Alberto es hijo del poeta cubano Eliseo Diego (1920-1996). Como docente, se destaca que ha impartido clases y talleres en la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, el Centro de Capacitación Cinematográfica de México y el Sundace Institute.

08/10/09

Herta Müller: La escritura como arma contra el olvido



Por Wilfried Mommert (DPA) / Fotografía AP

La Premio Nobel de Literatura de este año, la germano-rumana Herta Müller, es considerada una eximia representante de la prosa lírica.

Vivió como miembro de una minoría alemana en Rumania una niñez plagada de miedos que relata de forma impresionante en sus obras. Pero también su última novela, "Atemschaukel", se centra en su destino personal.

El tema fue tabú durante años en Rumania: la deportación de decenas de miles de rumanos de origen alemán a finales y después de la Segunda Guerra Mundial a la Unión Soviética.

También la madre de Müller pasó cinco años en un campo de trabajo. Müller está nominada con este libro para el Premio Alemán del Libro, que será concedido la próxima semana.

La novela, calificada por algunos críticos de obra maestra, tiene por protagonista a Leo, un chico de 17 años que cuenta el infierno de cinco años que pasó en un campo de trabajo soviético.

Leo está acompañado por su "ángel del hambre", que lo tiene agarrado del cuello constantemente: "Quería comer despacio, porque quería disfrutar más tiempo de la sopa. Pero mi hambre estaba sentado como un perro delante del plato y se la tomaba".

El éxito de este libro reforzó la candidatura de la autora residente en Berlín, que hasta entonces figuraba poco en las quinielas de favoritos al Nobel.

La novela se basa en charlas de Müller con antiguos deportados y en especial, en los textos autobiográficos del escritor rumano Oskar Pastior, que murió inesperadamente en 2006 antes de poder recibir el Premio Georg Büchner y con el que Müller proyectaba publicar un libro.

En el epílogo, Müller admite que le costó "abandonar el nosotros y escribir sola una novela". Sin los detalles de Oskar Pastior del día a día en el campo soviético no podría haber escrito la novela, recalcó.

Müller asumió la pesada carga de elaborar en forma literaria las experiencias extremas de otros: el hambre permanente en medio del trabajo forzado, el cautiverio por pertenecer a una minoría étnica.

La escritora, de 57 años, pudo con ello merced a su maestría de lenguaje. Nació en 1953, tres años después de que su madre volviera del campo de trabajo.

Su lenguaje desarrolla una fuerza casi lírica cuando cuenta, por ejemplo, de forma sobria y detallada, el horror de cargar sacos de cementos. O cuando Leo describe cómo el abogado Paul Gast le roba sistemáticamente la ración de comida a su mujer hasta que ésta se muere de hambre.

"Hay palabras que hacen conmigo lo que quieren", escribe Leo y relata cómo poco a poco va perdiendo la nostalgia y el sentido de ella. La pérdida de la individualidad y la humanidad no es lapidaria, sino siempre sobria, con gran claridad de palabras y profundo sentimiento.

Incluso cuando todas las diferencias entre los hombres y las mujeres desparecen porque hay un solo tema: "Mi relación con el mundo es la comida".

Müller no contaba con el tremendo éxito que cosecharía este libro. "Veinte años de la caída del Muro y yo vengo a escribir una historia de deportación", dijo a dpa un día antes de ser premiada.

La obra de Müller ha sido traducida a más de veinte idiomas. La mujer que nunca quiso ser escritora se granjeó el reconocimiento a nivel internacional con obras como "La piel del zorro" y "La bestia del corazón".

En sus libros habla de sus experiencias con la dictadura y su sentimiento de "extraña" en la propia tierra. Esta descendiente de suabios instalados en la región de la Transilvania nunca pudo sentir a Rumania como su patria.

Escribe contra el olvido, contra los recuerdos oscuros y dolorosos del sistema totalitario del comunista Nicolás Ceausescu, del que huyó en 1987 para instalarse con su entonces marido Richard Wagner en Berlín.

Herta Müller nació el 17 de agosto de 1953 en Nitzkydorf, en el distrito de Timisoara, en la antigua región de habla germana de Transilvania, en Rumania.

Durante años estuvo desempleada porque se negó a colaborar con la policía secreta rumana, la temida Securitate. Después de que le fuese censurado el primer libro y fuera interrogada y registrada su casa se decidió a abandonar el país para residir en Berlín occidental.

En el oeste europeo fue publicado en 1984 su libro de relatos "Tierras Bajas" y fue celebrada como descubrimiento literario. Se hizo famosa por su mezcla de imágenes líricas, escenas surrealistas y sus enunciaciones lacónicas.

Müller ha recibido numerosos premios, entre ellos, el Ricarda Huch de la ciudad de Darmstadt, el Premio Europeo de Literatura Aristeon, el Premio Franz Kafka y el Premio Joseph Breitbach, con 120.000 euros (177.000 dólares), el galardón mejor dotado para escritores alemanes. Desde 1995 es miembro de la Academia Alemana de Lengua y Literatura.

03/10/09

Iberoamérica no existe como tal, dice Jorge Volpi




Por Itzel Zúñiga (AGENCIAS)

Para el escritor mexicano Jorge Volpi, así como América Latina no existe como una región integrada, "menos existe Iberoamérica".

Pese a ciertos vínculos entre ambas regiones, no hay "una relación muy cercana fuera de esa dictada por la lengua y las tradiciones compartidas", dijo el autor de "No será la tierra", a propósito de la presentación en México de su libro "El insomnio de Bolívar".

En el caso de México -señaló Volpi- ya ni siquiera pertenece a América Latina, dado que "su dinámica social y política apuntan hacia el Norte" por la cuestión migratoria, el problema del narcotráfico y el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Hechos como éstos le han hecho perder su liderazgo en América Latina, papel que está siendo tomado por Brasil con su boyante economía y su actual política, señaló.

Para el también periodista y diplomático, en el futuro "América se dividirá en dos centros regionales: Estados Unidos para Norteamérica y Brasil para Centro y Sudamérica".

En su obra más reciente, ganadora del II Premio Debate-Casa de las Américas, Volpi sostiene que la actual desintegración latinoamericana comenzó tras su independencia de España por conflictos internos.

El autor repasa la historia de América Latina desde el siglo XIX hasta la actualidad, cuando algunos países de la región se preparan para celebrar el bicentenario de su emancipación.

Según este gran ensayo, los países latinoamericanos, aunque unidos por tradiciones, lengua, cultura hispánica, religión y unas pocas instituciones, están más lejos que nunca, volcados en sus propios intereses o enfrentados entre sí.

Su más reciente obra comienza en la etapa final del prócer venezolano Simón Bolívar, desesperado al ver empañado su sueño de lograr una América Latina unida por rivalidades entre Colombia, Venezuela y Ecuador, enfrentadas de nuevo en estos tiempos.

"Creo que los conflictos seguirán a causa del caudillismo democrático con presidentes que se empeñan en mantenerse en el cargo como Hugo Chávez o Álvaro Uribe", afirmó.

No obstante, dijo, el mayor problema que enfrenta la región son la desigualdad social y la pobreza, que provocan otros males como el narcotráfico.

En el ámbito literario, el creador de "En busca de Klingsor", también percibe una falta de unidad y de rumbo ideológico entre los autores latinoamericanos.

"A diferencia de otras épocas no hay una sola tendencia predominante. Ahora hay una enorme variedad de escritores produciendo obras muy valiosas, pero difícil de catalogar como latinoamericanas", planteó.

"Los intercambios tienen más que ver con lo personal que con lo ideológico, como ocurría antes", dijo el escritor, galardonado con el Premio José Donoso en 2009.

Jorge Luis Volpi Escalante (Ciudad de México, 1968) es miembro de la "generación del crack" y una de las plumas jóvenes más reconocidas de la literatura hispanoamericana.

Entre sus obras destacan "A pesar del oscuro silencio", "La paz de los sepulcros", "El temperamento melancólico", "Días de ira" y "El juego del Apocalipsis".