28/04/10

“[Los Acuerdos de Paz] sorprendió a todos”




Por Tomás Andréu

SAN SALVADOR - El poeta, jurista y rector universitario, David Escobar Galindo, quien formó parte en la mesa de negociación que puso fin a la guerra civil que vivió El Salvador (1980-1992), conversó con ContraPunto y brinda un panorama anecdótico de aquellos tiempos que se volverían trascendentales para la historia del país.

Escobar Galindo también habla sobre el discurso del presidente Funes en el que pidió perdón por las violaciones a los derechos humanos cometidos por el Estado en la época del conflicto. Además aborda el tema de la Ley de Amnistía, la cual “no deberían estarla tocando”, apuesta a saber la verdad de los hechos ocurridos en la guerra.

El también rector de la Universidad Matías Delgado, habla del porqué de la crisis del partido ARENA, fruto de “una permanencia demasiado larga” en el poder. Contrario a lo que muchos hablan sobre la relación Funes-FMLN, Escobar Galindo está seguro que entre presidente y partido "no hay divorcio alguno".


Se dice que los Acuerdos de Paz alcanzaron su mayoría de edad cumpliendo 18 años. ¿Cree usted que se quedó algo en el tintero o debió haber surgido algo para reconsiderar?
El Acuerdo de Paz cumplió con la función fundamental que tenía, la cual era por una parte, concluir políticamente el conflicto armado y por otra parte, crear las condiciones para que el sistema político funcionara de una manera pacifica y democrática. Esto tiene contenidos, no es una declaración. Concluir el conflicto armado por la vía política era deslegitimar la violencia política en el país que había venido siendo la constante a lo largo del tiempo. Creo que esta es una cosa fundamental y esencial para el proceso histórico nacional.

La guerra nunca se hace para acabar en una mesa, la guerra se hace para terminar en un desfile de una victoria, una victoria militar como es natural. En este caso la guerra no pudo cumplir con esa finalidad propia de ella y tuvo que aceptar la conclusión política, que es una conclusión básicamente racional y pacífica y creo que es un punto fundamental que el acuerdo de paz cumplió perfectamente, y de una manera ejemplar además. También se cumplió lo que se proponía o lo que se pretendía, que era crear las condiciones para que el sistema político funcionara por primera vez de una forma completa y sustentable en el país. La izquierda organizada nunca había tenido un reconocimiento legal y ahora lo tiene, y por consiguiente, el elenco en el escenario político estaba completo y eso es un avance extraordinario. Ahora, si usted lee el acuerdo, había algunas cosas importantes pero que eran colaterales. Algunas cosas no se pudieron cumplir como se pretendía porque la realidad tiene su lógica y eso ya no es cosa del acuerdo de paz, es cosa de la realidad posterior.

¿Qué punto vital sería uno de esos que no pudieron concretizarse?
Para decirle uno que se menciona con frecuencia: El Foro Económico y Social. Estaba contemplado en el acuerdo y, digamos, se instaló pero no se logró establecer. De seguro en aquel entonces no estaban dadas para ello, porque se hizo una convocatoria, llegaron los actores y eso no prosperó. Pero eso ya no era producto del acuerdo, era producto de la realidad que después del acuerdo iba también haciendo su marcha y eso es algo que hemos venido viendo por los últimos 18 años y seguiremos viendo de aquí en adelante, pero creo que los contenidos y los propósitos fundamentales de los Acuerdos de Paz sinceramente se cumplieron de forma ejemplar y eso es algo que todo el mundo reconoce, en especial fuera del país.


Hablando también sobre el cese armado, se ha dicho que se acabó el conflicto armado político, sin embargo, no ha habido un esfuerzo por crear un Estado de unidad. ¿Usted que piensa de eso?
Básicamente comparto ese concepto, pero vamos a lo mismo. El Acuerdo de Paz era un acuerdo fundamentalmente político, que tenia esas dos finalidades que yo le mencioné al principio. Lo que viene posteriormente ya es el compromiso, el esfuerzo, la tarea, la responsabilidad de los distintos actores nacionales: políticos, económicos, sociales y culturales. El acuerdo de paz lo que no podía era resolver la problemática del país, podía crear condiciones para manejar pacífica y democráticamente esa problemática e ir encontrándole soluciones, pero un acuerdo de paz nunca resuelve. Puede crear condiciones, que fue lo que sucedió realmente con los acuerdos.


¿Cuál es el diagnostico que haría sobre el avance en la consolidación de la democracia en El Salvador?
Yo creo que se está desarrollando de una manera muy consistente. Desde luego esto no se puede lograr de una manera fácil y rápida. Así como es difícil construir una guerra. Nosotros nos tardamos decenios y decenios para llegar al momento de hacer la guerra, construir la paz también es muy difícil, pero lo que yo rescato como lo más valioso de todo este proceso que hemos vivido en esto años de posguerra es que no hay signos regresivos hacia las formas del pasado en lo que a política y ejercicio político se refiere, y creo que más bien hay un reconocimiento progresivo de que la democracia es lo natural y tiene su lógica y lo hemos visto a través de estos tiempos; lo que pasa es que, sobretodo para los actores políticos es difícil aceptar esto ya en los hechos, porque las formas mentales autoritarias han estado muy arraigadas en el ánimo nacional y por eso irse despojando de ellas es un proceso muy complicado y complejo y eso es lo que hemos visto, pero yo no veo ningún signo de regresión hacia las formas políticas del pasado. Hay recurrencia de ciertas imágenes del pasado que es otra cosa, pero más allá de eso no y a mí me parece que el proceso democrático ha venido caminando y no me queda duda de que seguirá caminando.


De esas perspectivas también quería hablarle. Se dice que la sociedad en que vivimos se vive una paz armada, en el sentido que hay una guerra social por los altos índices de criminalidad que vive el territorio...
No, eso no lo creo. Una guerra social es otra cosa. Lo que pasa es que después de la firma de la paz, sí hubo una actitud irresponsable en el país y aquí me refiero a las distintas fuerzas del país. No era posible imaginar con el debido realismo que después de 20 años de conflicto y todo nuestro pasado, íbamos a firmar un acuerdo de paz e íbamos a dejar que las cosas fluyeran sin hacer nada. Eso no es imaginable dentro de una concepción de responsabilidad racional y eso es lo que ocurrió. Mire, hay algo que se llama el “estrés postraumático” entre otros efectos, Aquí nadie hizo nada por medir el nivel de estrés postraumático después de un conflicto de 20 años, que había tenido además 12 años de guerra en el terreno. Pues hombre, ahí están las consecuencias. Pero eso no es una guerra social, es decir, eso es el efecto de la imprevisión y la irresponsabilidad, pero creo que no va más allá de eso. Claro, se dejó crecer el crimen organizado, el fenómeno pandillero se vio como algo que estaba allí y que por su cuenta se iba a resolver.


¿La sociedad ha encontrado un camino político después de los Acuerdos de Paz sin tropezar con la piedra de la polarización política?
Eso es un aprendizaje. Veníamos de una guerra que era fundamentalmente política, no ideológica, la guerra se detonó por la incapacidad del sistema político para responder a lo que debe ser un manejo fluido y activo de la problemática nacional y del comportamiento de los actores políticos y eso creó una serie de condiciones y salir de esa cápsula mental es difícil. En el país se fue generalizando un concepto que es muy perverso, y es que mucha gente ha pensado que entenderse y comprender al otro es una forma de debilidad. El acuerdo de paz es una forma clarísima de que eso no es así, pero eso está ahí presente y es por eso que a alguna gente no le ha gustado los Acuerdo de Paz porque era una forma de demostrar que el entendimiento era una forma de fortaleza superior, y no como muchos creían que era de debilidad inferior. Entonces, salir de esas imágenes es muy complicado, pero eso es lo que estamos viendo en el ambiente.

Mire lo que pasó en la reciente campaña electoral del año 2009. Toda la campaña estaba enmarcada en un concepto catastrofista, producto de eso, de que el otro es una amenaza y un peligro. Esa es una imagen de las antiguas, de las que acompañaron todo el proceso de la guerra y resultó que no, cambio el partido político en el gobierno y no ha pasado nada dramático, son cosas naturales. Entonces la naturaleza va enseñando que esas imágenes deben quedar más en el pasado y desprenderse de ellas.


A su juicio ¿cómo podría empujarse un proceso de desarticulación de estas imágenes del pasado, por ejemplo las armas y la anulación del otro?
El problema ha sido que en los últimos años la criminalidad y el crimen organizado han tomado mucha fuerza, entonces es más difícil hacer un ejercicio de desarme, no solo de desarme físico, sino de desarme mental. Y además eso forma parte de un mismo concepto, de pensar que si uno tiene una arma es más fuerte que si no la tiene. En el fondo de todo esto está el criterio de que la violencia puede más que todo lo demás, pero ahí es donde viene la lección del fin de la guerra y de los Acuerdos de Paz: No, no es cierto. La violencia no lo puede todo, ni siquiera puede algo. Hace daño eso sí, pero no puede.

El Acuerdo de Paz es la expresión clarísima de eso. Hubo que llegar a un entendimiento para resolver lo que la violencia no podía, la solución militar de la guerra llegó a ser absolutamente imposible, porque había que hacer un análisis de todas las condiciones, eso ya hacía que ello no pudiera realizarse, entonces había que buscar la otra solución, la solución política que era una solución de entendimiento. Entonces el Acuerdo de Paz ha venido a ser también conflictivo, en el sentido que para mucha gente es una experiencia que es casi incomprensible. Yo recuerdo que cuando comenzamos en el proceso de las negociaciones en el año 1989, la mayor gente no creía que se iba a llegar a nada, era una especie de aura de escepticismo muy espesa. Escepticismo porque permitió hacer cosas que a lo mejor si la gente hubiera pensado que íbamos a llegar a donde llegamos [cese de fuego armado y libertad política] hubiera hecho lo posible para que no llegáramos, pero había mucha gente que no tenía ni la más remota confianza en que de aquello podía resultar una solución.


¿Dónde surgió esa oposición?
No lo sé, pero evidentemente las tentaciones de frustrar el proceso circulaban en el ambiente.



¿Por ambos bandos?

Por ambos bandos. Era una cosa compartida. Al final de cuentas, creo que la solución los sorprendió a todos, como le digo, las guerras se hacen para que haya un vencedor y un vencido y las mesas existen para que no haya un vencedor o un vencido, como fue el caso nuestro. Entonces aceptar aquello debe ser muy difícil para aquellos que sacrificaron tanto para hacer lo que hacen en uno y en otro bando. Ahí no hay colores.


Usted también hablaba de unas percepciones externas, periféricas de los Acuerdos de Paz ¿Usted en ese momento pudo ver algo que los mismos protagonistas dijeron que no podían concretar?
En ese momento el proceso siempre fue un camino de avance. A veces el avance era muy lento, a veces parecía que nos deteníamos, porque así son esas cosas, pero yo nunca sentí que en ninguna de las dos partes había una intención de frustrar el esfuerzo, porque aunque no se decía, ninguna de las dos partes lo dicen, la auto percepción de que no había otro camino ya estaba bastante generalizada y además, una serie de condiciones se dando en la realidad, sobre todo en 1989 y principios de 1990 que ya hacían imposible otro tipo de ejercicio.


Recuerdo que en una entrevista de televisión en aquel tiempo me pregunto el entrevistador: “Y si fracasa la negociación ¿qué queda?” Yo le contesté: “si fracasa la negociación, queda la negociación”. Aquí esto ya es vía cantada No sé cómo se va desarrollar este proceso, pero es cierto, esto ya no tiene retroceso, ya no hay ninguna fórmula alternativa de solución de este conflicto. A Dios Gracias”.
Lo peor que le puede pasar a cualquiera es tener un vencedor, no solo en las guerras, pero en fin, en las guerras es lo peor y eso lo mira en la historia. El vencedor le escribe a usted la historia, le impone su ley y lo mete en su concepción para que no se salga, por supuesto que eso es muy relativo a final de cuentas, pero eso es lo que hace el vencedor en cuanto vence. Nosotros tuvimos una suerte extraordinaria de no tener un vencedor, y por consiguiente de no tener un vencedor, por consiguiente no tener un vencido.


Hablando de esa realidad de 1989 ¿Se podría decir que el asesinato de los jesuitas pudo haber dinamizado el hecho que llegáramos a un acuerdo?
Le voy a decir lo que yo pienso del año 1989 que fue un año crucial y vital para este proceso, porque así son las cosas en la vida, la historia tiene sus movimientos que parecen movimientos conscientes, aunque yo no sé si lo son o no lo son. En primer lugar, a principios del año 1989 llegó a la presidencia de Estados Unidos George Bush padre, que era mucho más abierto a apoyar una solución política que Ronald Reagan. Ese fue un elemento muy importante en aquel momento. En segundo lugar ganó la presidencia de la República Alfredo Cristiani, y no por ser quien era él o por ir representando a un partido, pero para la Democracia Cristiana hubiera sido mucho más difícil convencer a las fuerzas establecidas de entrar en un proceso de esta índole. El partido ARENA y Alfredo Cristiani tenían la confianza de las fuerzas establecidas en el país, eso también fue un factor importante y él desde el primer momento propuso una vía de negociación concreta, no simplemente decir “quiero que haya una solución negociada” no, si usted lee el discurso de el en el 1° de Junio de 1989, verá que ahí hay una propuesta de mecanismos de avance en este proceso.

En segundo lugar, en 1989 empezó a disolverse el comunismo en Europa, que es un factor importante también y a la par de eso quiero decirle algo que también creo que es muy importante, esa disolución del comunismo en Europa no debilitó al FMLN, que hubiera sido una cosa muy negativa, porque lo peor que le puede pasar a alguien es negociar con un débil, el FMLN siempre fue fuerte. Vino la ofensiva del 89, que creo que ese fue el último intento militar de las dos partes por llegar a una mesa con la suficiente fuerza a plantear un armisticio, pero no un acuerdo de paz, pero ninguno de los dos pudo. La guerrilla no logró una insurrección y la fuerza armada quedó profundamente debilitada con el crimen de los jesuitas, o sea que al final de la ofensiva los dos salieron militarmente debilitados y por consiguiente las posibilidades de la resolución política se abrieron. En 1990 perdió las elecciones el sandinismo en Nicaragua y entonces todo aquello vino a abrir el panorama para que todos los factores contribuyeran a impulsar una solución política.


“Funes y FMLN es un matrimonio por construir”

¿Qué opina del discurso del presidente Mauricio Funes en el cual pidió perdón por la violaciones a los derechos humanos cometidas por el Estado?
Pues yo creo que esa es una forma simbólica de contribuir a la pacificación de los ánimos en el país. A mí me parece bien. El FMLN también debería hacerlo. Lo hizo de una manera genérica, [debería] de hacerlo de una manera más concreta, eso serviría porque son... son como alivios importantes para superar cualquier tentación de volver a abrir casos del pasado o empezar a hacer rebuscas de culpas. En ese sentido a mí me parece que está bien [el perdón del presidente].


El presidente pidió perdón pero este discurso ha sido criticado. También se ha dicho que no habló del FMLN. En ese sentido el ex presidente Armando Calderón Sol dijo que no era relevante...
Lo que pasa es que todo esto despierta muchas opiniones porque son temas profundamente emocionales. Yo no sé si el presidente hubiera podido hablar en nombre del FMLN, no lo sé. Creo que él trató de hablar en nombre del Estado y lo hizo en nombre del Estado, lo cual a mí me parece bien, no me parece que eso esté fuera de contexto, al contrario, creo que eso sirve y creo que es un aporte para hallar la forma de pasar la página.

La página de la realidad casi ya se pasó pero todavía hay muchas inquietudes, ansiedades, inconformidades. Las víctimas no estamos conformes, pero hay que hacer un ejercicio de realidad.

[Hablando de esa realidad] el ex presidente Alfredo Cristiani también contradice las declaraciones del ex presidente Calderón Sol cuando afirmó que el FMLN no era parte del Estado...
Sí. Lo que pasa en estas cosas es que si hubo hechos –y los hubo por supuesto- tremendos por uno y otro bando, independientemente de las cantidades, creo que hacer este tipo de gestos es positivo, a mí no me parece negativo en ningún sentido, sinceramente.


De alguna manera me la dejó ver, pero ¿cuál es su posición con respecto a la Ley de Amnistía?
Eso sinceramente ya no deberían estarlo tocando porque qué se va a hacer con eso. Además el presidente ya creó una comisión que se va a encargar de buscar formas de reparación que a mí me parece muy importante. La Ley de Amnistía cumplió una función muy trascendental y estar pensando en enjuiciar a gente de un bando y del otro, eso a estas alturas no es conveniente, puede ser hasta contraproducente. Lo que habría que hacer es el análisis de los hechos, lo que se llama “la búsqueda de la verdad”, que me parece bien que ya es un proceso histórico prácticamente. Todos quisiéramos que nos contaran y saber qué es lo que pasó con los respectivos casos, porque no solo son dos tres cuatro, son muchísimos pero ya es otra cosa y no tiene que ver con la Ley de Amnistía.


Usted dijo en televisión que “se averigüen ciertas verdades”
Pues sí...


Usted mencionó el secuestro de su padre
Sí claro y cuando me declararon a mí criminal de guerra. No solamente es cuando a uno lo matan, no solo la muerte es un atropello tremendo, entonces me digo yo que eso estaría bien saberlo pero yo me digo también que uno debe superar esas cosas y hacer una auto limpieza. Yo sinceramente se lo digo, la hice muy pronto. Yo cuando llegué a la negociación [de los Acuerdos de Paz] no tenía ningún tipo de rencor con nadie por eso la pude hacer sin ningún problema.


¿Cómo ve que la izquierda llegó al Ejecutivo, cuál es su diagnóstico de cómo se está desempeñando el nuevo gobierno?
El solo hecho de que se pudiera dar esta alternancia es un paso trascendental en este proceso porque esto no es cuestión ideológica. La democracia es fundamental alternante. En democracia lo natural es alternar no permanecer y por consiguiente a mí me parece que es de lo más saludable, cómo se desempeñen unos y otros es dependiente de sus propias formas de ser y reaccionar. Mire usted lo que le está pasando a la derecha que es justamente producto de haber permanecido tanto tiempo en el poder y de no haber tenido mecanismos de tránsito hacia una nueva posición que es de lo más natural. En democracias los partidos políticos deben estar preparados para ser gobierno y para ser oposición y ambas cosas son absolutamente naturales porque en democracia ganar y perder son cosas naturales y relativas, por nuestras imágenes del pasado aquí parece que ganar y perder son catástrofes o bendiciones, pero en fin, eso es cuestión de irlo aprendiendo.


A su criterio ¿cree que el gobierno [presidente Funes] está divorciado del partido [FMLN]? Le pregunto esto porque se ha dicho que el gobierno es una entidad sin partido y el partido no es partido en el gobierno y si esto fuera cierto ¿es saludable para la dinámica democrática de El Salvador?
Divorcio no creo que lo haya, sinceramente no lo creo. Hay un ejercicio de relación que no es una relación simbiótica y ojalá que lo puedan manejar de una forma inteligente y constructiva. Estamos acostumbrados a ver una especie de fusión gobierno-partido y la fusión llevaba a la confusión y eso es muy negativo también. Ahora veremos cómo se desenvuelve esta relación que no es un divorcio, es un matrimonio por construir.


¿Cómo ve los movimientos que están ocurriendo dentro del partido ARENA?
En el fondo es el efecto de una larga permanencia, de una permanencia demasiado larga porque no hay partido político que en la democracia aguante 20 años sin sufrir quebrantos muy importantes, porque el poder es perverso y por eso la lógica de la democracia es la alternancia porque si yo cambio cada 5 o a lo más 10 años pues yo me comporto de una manera y si yo creo que voy a estar 50 años me comporto de otra. Yo siento que ellos están padeciendo de ese problema.

Hay una idea que he oído por ahí, que dice que en el país ningún partido derrotado regresa, eso era la lógica anterior pero en la democracia los partidos perfectamente pueden regresar, si para eso están. En las democracias normales los partidos van y vienen, de eso se trata. Ni se acaba el mundo cuando uno se va, ni se salva el mundo cuando uno llega. Esa es la verdad. Ese tipo de absolutismos mesiánicos o apocalípticos no entran en la lógica de la democracia. Por eso es que los partidos políticos en la democracia acaban siendo muy parecidos y eso les cuesta aceptarlo.


¿Cómo ve en el espectro político el aparecimiento de estos nuevos partidos como GANA? ¿Modifican el escenario político estos aparecimientos?
En lo inmediato sí lo modifican, sobre todo modifica correlaciones de fuerza muy concretas por ejemplo en la Asamblea Legislativa y esto influye en las decisiones que se van tomando en el día al día. Ahora, en perspectiva histórica, yo tengo mis dudas de que eso pueda alterar el esquema básico porque los salvadoreños hemos sido muy perseverantes y muy consistentes en buscar una especie de equilibrio de fuerzas y creo que con mucha sabiduría el pueblo salvadoreño dice “no miren, yo quiero que los fuertes sigan siendo fuertes porque ha costado mucho que lleguen donde están”. No es fácil hacer sustituciones, no digo que no pueda ocurrir porque en la vida uno no se puede cerrar a ninguna posibilidad pero por la experiencia vivida, que yo creo que aquí lo que vamos a ver es una presión ambiental para que los dos partidos políticos respondan a la realidad. Creo que lo que la gente quiere es que esas dos fuerzas grandes se eduquen y como no se educan por su propia voluntad, pues le pone pruebas difíciles. Mire la prueba que le ha puesto a la derecha.